De defender a Nelson Mandela a ganar el Nobel de la Paz: Navi Pillay dedica su vida a combatir la impunidad

Mucho antes de recibir el Premio Nobel de la Paz 2026, Navi Pillay ya había dedicado décadas de su vida a enfrentar la discriminación, defender presos políticos y exigir justicia por crímenes internacionales.

Nacida en Durban, Sudáfrica, en 1941, creció bajo el apartheid, sistema de segregación racial que restringía los derechos de la población no blanca.

Su experiencia personal con la discriminación influyó en su decisión de estudiar Derecho y convertirse en defensora de quienes enfrentaban persecución política.

En 1967 hizo historia al convertirse en la primera mujer en establecer un despacho de abogados en la provincia sudafricana de Natal.

Durante aquellos años defendió a activistas contra el apartheid, entre ellos Nelson Mandela, y trabajó para mejorar las condiciones y los derechos de los presos políticos.

Su carrera posteriormente adquirió dimensión internacional. Fue jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, participó en la Corte Penal Internacional y ocupó el cargo de alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014.

También presidió una comisión de investigación de la ONU sobre los territorios palestinos ocupados e Israel, cuyas conclusiones sobre Gaza fueron rechazadas por el gobierno israelí.

El pasado 9 de octubre, el Comité Noruego del Nobel reconoció su trayectoria en favor de la paz y el derecho internacional.

Pillay dedicó el galardón a los sobrevivientes de crímenes internacionales y destacó que el reconocimiento también pertenece a quienes han trabajado por la justicia.

Este lunes, al referirse a los ataques contra las instituciones internacionales, recordó que los procesos judiciales pueden ser prolongados y pidió no abandonar la búsqueda de justicia.

A sus 85 años, Navi Pillay mantiene vigente la convicción que ha marcado su trayectoria: los derechos humanos deben protegerse mediante instituciones capaces de exigir responsabilidades, sin importar el poder de los involucrados.

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