Un experimento que hoy difícilmente superaría los controles éticos de una investigación científica terminó convertido, más de 50 años después, en un reality show.
Netflix estrenó The New Stanford Prison Experiment, una producción inspirada en el polémico estudio realizado por Philip Zimbardo en 1971.
Esta vez participan 30 personas dentro de una sección fuera de servicio de una cárcel real en Cherokee County, Georgia, mientras cámaras automatizadas registran lo que ocurre las 24 horas.
La diferencia fundamental es que sus responsables no presentan el programa como una réplica científica del experimento original.
Los participantes fueron evaluados psicológicamente, conocen las condiciones generales de la experiencia y cuentan con una palabra de seguridad para abandonarla en cualquier momento.
También hay psicólogos disponibles permanentemente para intervenir ante posibles riesgos.
La producción intenta explorar temas como poder, autoridad, obediencia, identidad de grupo y la manera en que las personas reaccionan ante roles impuestos.
Sin embargo, el formato también ha recibido críticas. Especialistas y críticos han cuestionado hasta qué punto puede extraerse información significativa sobre el comportamiento humano cuando los participantes saben que están protagonizando un programa de televisión.
La paradoja resulta inevitable: el experimento de 1971 terminó cuestionado, entre otras razones, por parecer demasiado una representación.
Más de cinco décadas después, esa misma idea regresa, pero ahora el espectáculo ya no intenta ocultarse detrás de la ciencia.














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