Una visita a Mazunte despertó su amor por las tortugas; años después descubre cómo el plástico daña su ADN

Una visita durante su infancia al Museo de la Tortuga en Mazunte terminó marcando el camino profesional de Mara Daniela Tercero Jalpa.

La bióloga recuerda que tenía alrededor de cinco o seis años cuando conoció el lugar y escuchó hablar de las liberaciones de tortugas. Años después, a los 17, reunió dinero de su beca para participar en un campamento tortuguero.

Su interés continuó durante la universidad, cuando dedicó su tesis de licenciatura al estudio de quelonios marinos en Quintana Roo.

Ahí encontró indicios de plástico al observar contenido del esófago de tortugas, aunque en ese momento no pudo comprobar químicamente su presencia.

La experiencia provocó una nueva pregunta: ¿el peligro estaba solamente en ingerir plástico o también en las sustancias químicas que éste libera?

Esa inquietud terminó convirtiéndose en su investigación de maestría en Ciencias Biológicas de la UNAM.

Tercero Jalpa estudió los efectos del DEHP, utilizado para proporcionar flexibilidad a algunos plásticos, y durante 14 semanas analizó tortugas expuestas a diferentes dosis.

Las pruebas encontraron daño en el ADN y un aumento de micronúcleos, considerados señales de daño genético.

Los resultados fueron publicados en Aquatic Toxicology y aportan evidencia sobre un problema todavía poco estudiado en tortugas de agua dulce.

Una inquietud que comenzó frente a las tortugas de Mazunte terminó, años después, convertida en investigación para entender mejor las amenazas que enfrentan estos animales.

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