La marca Diablos Rojos podría continuar expandiéndose hacia nuevas disciplinas deportivas después de consolidar su presencia en béisbol, basquetbol y softbol.
Alfredo Harp Helú adelantó que su familia mantiene interés en ampliar su participación dentro de la industria deportiva y que existen posibilidades de invertir tanto en México como en mercados internacionales.
El empresario, propietario de los Diablos Rojos del México desde 1994, ha construido durante más de tres décadas una estructura que actualmente trasciende al equipo de la Liga Mexicana de Béisbol.
Además de su participación en los Guerreros de Oaxaca y en los Padres de San Diego de Grandes Ligas, Harp impulsó la incorporación de la franquicia Diablos Rojos a la Liga Nacional de Baloncesto Profesional y a la Liga Mexicana de Softbol.
La inversión también ha incluido infraestructura propia. El Estadio Alfredo Harp Helú se convirtió en la casa del equipo capitalino desde 2019, mientras que en Oaxaca fue inaugurado en mayo de 2026 el Estadio Yu’Va.
Buena parte de la nueva etapa empresarial está quedando en manos de Santiago Harp, hijo del empresario y quien ha comenzado a asumir decisiones clave dentro de la organización.
Alfredo Harp recordó que Santiago pasó buena parte de su infancia y adolescencia vinculado con el béisbol e incluso intentó formarse profesionalmente en la academia que la familia tiene en Oaxaca. Finalmente optó por estudiar Administración de Negocios y dedicarse a la gestión deportiva.
El resultado ha sido positivo para la organización. Harp destacó que su hijo ha estado al frente durante los dos últimos campeonatos obtenidos por los Diablos Rojos y reconoció su conocimiento sobre jugadores y mercados internacionales.
El crecimiento también responde a una exigencia empresarial. Desde 2025, Diablos Rojos cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores, lo que obliga a la compañía a buscar nuevas oportunidades para ampliar su tamaño y valor.
Harp Helú considera que la incursión en otras disciplinas forma parte natural de esa estrategia.
A sus 82 años, el empresario reconoce que ha comenzado a soltar parte del control operativo, pero no pierde interés en el crecimiento. Su siguiente objetivo podría estar fuera del diamante: convertir a Diablos Rojos en una plataforma deportiva cada vez más amplia.











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