Cuando todavía falta más de un año para que arranque formalmente la contienda por la gubernatura de Baja California, el nombre de Julieta Ramírez ya provoca cuestionamientos fuera de Morena. En distintos espacios públicos y políticos comienza a instalarse una pregunta incómoda: ¿realmente representa un cambio o es la continuidad del mismo grupo que ha estado en el centro de la polémica?
El debate ha cobrado fuerza porque diversos medios y actores políticos la ubican como una de las figuras impulsadas por el bloque cercano a Adán Augusto López Hernández, Carlos Torres y al entorno de la gobernadora Marina del Pilar Ávila, personajes que en los últimos meses han protagonizado investigaciones, señalamientos o controversias públicas.
Aunque Julieta Ramírez no enfrenta investigaciones penales relacionadas con esos casos, sus críticos consideran inevitable que su proyecto político sea evaluado a partir de las figuras con las que ha construido su carrera dentro de Morena.
Entre ciudadanos y voces de oposición comienza a crecer el reclamo de que Baja California no necesita más disputas internas ni grupos señalados por escándalos, sino perfiles capaces de recuperar la confianza en las instituciones y responder a problemas como la inseguridad, la economía y los servicios públicos.
Para esos sectores, el principal cuestionamiento ya no es únicamente quién será el candidato de Morena, sino quién moverá realmente los hilos detrás del próximo gobierno, una preocupación que ha comenzado a ganar espacio en el debate rumbo a 2027.
Las críticas se alimentan del desgaste político que ha acompañado al grupo con el que se relaciona a la senadora con licencia. Sus opositores sostienen que resulta difícil separar una eventual candidatura de las controversias que han marcado a quienes hoy forman parte de ese mismo círculo político.
En ese contexto, el PAN mantiene una denuncia contra Julieta Ramírez por presuntos actos anticipados de campaña y difusión ilegal de propaganda, procedimiento que continúa en manos de las autoridades y que deberá resolverse conforme a derecho. Sin embargo, para sus detractores, ese expediente es sólo una parte de un debate mucho más amplio: si Baja California está dispuesta a mantener el mismo proyecto político o busca un rumbo distinto.
Con la elección todavía lejana, la conversación ya dejó de centrarse únicamente en nombres. Cada vez más ciudadanos comienzan a preguntarse si detrás de las nuevas candidaturas realmente existen nuevas formas de gobernar o simplemente los mismos grupos políticos con distintos rostros.















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