La sentencia de cadena perpetua dictada contra Ismael “El Mayo” Zambada representa el cierre de una etapa protagonizada por los dirigentes históricos del Cártel de Sinaloa.
Zambada fue condenado en el mismo tribunal federal de Brooklyn donde años antes Joaquín “El Chapo” Guzmán recibió una pena similar por sus actividades al frente de la organización criminal.
El juez Brian Cogan impuso también la confiscación de 15 mil millones de dólares, monto relacionado con las ganancias atribuidas a las operaciones del cártel.
La trayectoria criminal de Zambada comenzó a finales de la década de 1960, cuando se involucró en el cultivo de marihuana en las zonas montañosas de Sinaloa, de acuerdo con documentos presentados por su defensa.
Con el paso de los años amplió sus operaciones hasta participar en el traslado de cocaína desde Sudamérica hacia Estados Unidos y consolidarse como uno de los principales líderes del narcotráfico mexicano.
A diferencia de “El Chapo”, Zambada logró mantenerse durante décadas fuera de prisión y con una exposición pública limitada, mientras su organización fortalecía rutas, alianzas y redes de protección.
Su llegada a Estados Unidos ocurrió en julio de 2024 en circunstancias que todavía generan versiones encontradas. La defensa sostiene que fue secuestrado y trasladado contra su voluntad por Joaquín Guzmán López.
Las autoridades estadounidenses han señalado que fue detenido en un aeropuerto de Nuevo México, aunque reconocieron que Guzmán López habría participado en su entrega.
Durante la audiencia, Zambada aceptó su responsabilidad y llamó a poner fin a la violencia en México, pero los fiscales insistieron en que su organización provocó daños durante varias décadas.
Con los antiguos fundadores del Cártel de Sinaloa condenados a cadena perpetua, la disputa por el control de la organización queda ahora en manos de nuevas generaciones y facciones rivales.















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