A Alessandra Rojo de la Vega la confrontación comienza a resultarle demasiado frecuente. En junio, un operativo encabezado por su administración en la Zona Rosa terminó en enfrentamientos, con seis policías lesionados y un detenido. La alcaldesa responsabilizó de las agresiones a personas vinculadas con comerciantes de la zona.
A Alessandra Rojo de la Vega la confrontación comienza a resultarle demasiado frecuente. En junio, un operativo encabezado por su administración en la Zona Rosa terminó en enfrentamientos, con seis policías lesionados y un detenido. La alcaldesa responsabilizó de las agresiones a personas vinculadas con comerciantes de la zona.
El episodio se complicó al día siguiente. Luis Fernando Luna, quien había documentado y cuestionado el operativo, fue detenido y posteriormente denunció golpes, incomunicación y coacción. Rojo de la Vega negó cualquier intervención y no está acreditado que ordenara su detención o las presuntas agresiones.
También existen publicaciones atribuidas a la alcaldesa en las que utiliza expresiones como “desgraciado”, “miserable oportunista” y “cómplice” durante una confrontación pública.
No todos los señalamientos tienen el mismo nivel de comprobación, pero el problema político es bastante menos complicado: cuando golpes, gritos, insultos y enfrentamientos aparecen repetidamente alrededor de una administración, las formas de gobernar también quedan bajo cuestionamiento.
















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