La carrera por la gubernatura de Baja California en 2027 comienza a mover alianzas y acercamientos que hace apenas unos años parecían difíciles de imaginar. Uno de ellos involucra a Julieta Ramírez y al exgobernador Jaime Bonilla, dos figuras que anteriormente estuvieron enfrentadas políticamente.
Ramírez construyó buena parte de su trayectoria dentro del grupo político cercano a Marina del Pilar y, cuando Bonilla intensificó sus críticas contra el gobierno estatal, la senadora no dudó en salir públicamente en defensa de la administración.
En 2023, Julieta Ramírez calificó al exgobernador como “mentiroso profesional” y cuestionó directamente sus señalamientos. En aquel momento, Bonilla ya se había convertido en uno de los adversarios políticos más visibles del grupo encabezado por Marina del Pilar.
Tres años después, el panorama es diferente. Con la sucesión estatal cada vez más presente en la conversación política, Ramírez ha mostrado un acercamiento con Bonilla que contrasta con aquella confrontación.
El movimiento resulta especialmente relevante porque Julieta Ramírez es uno de los perfiles que buscan posicionarse rumbo a 2027 y cualquier acercamiento con actores que mantienen estructuras o influencia política en Baja California puede modificar el equilibrio entre los distintos grupos.
No existe hasta el momento evidencia pública de que ambos hayan formalizado una alianza electoral. Por ello, el acercamiento no puede presentarse como un acuerdo político cerrado. Lo que sí existe es un contraste entre la postura que Ramírez sostuvo públicamente en 2023 y la relación que ahora busca construir con el exgobernador.
Ese cambio abre cuestionamientos sobre el papel que tendrán las antiguas diferencias cuando comience formalmente la disputa por la candidatura y hasta dónde estarán dispuestos a llegar los aspirantes para ampliar sus alianzas.
Para Ramírez, la discusión adquiere además una dimensión de congruencia. Haber defendido anteriormente a Marina del Pilar frente a Bonilla y ahora acercarse políticamente al exmandatario obliga a explicar qué cambió entre ambos.
Rumbo a 2027, Julieta Ramírez parece dispuesta a ampliar su margen de negociación dentro de Baja California. El costo de esa estrategia será enfrentar una pregunta que acompañará cada nuevo acercamiento: si sus alianzas responden a coincidencias políticas duraderas o a las necesidades de una sucesión que comienza a reacomodar a antiguos aliados y adversarios.















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